El Pérmico
comenzó hace unos 300 millones de años y finalizó hace 250 millones. Debe su nombre a una localidad rusa llamada
Perm, donde se identificó por primera vez estratos de este período.
En el
Pérmico se unieron casi todos los grandes continentes, formando un gran
supercontienente llamado Pangea. También se formó un gran océano global que iba
de polo a polo llamado Panthalassa.
Cuando se
inició el Pérmico, la Tierra estaba en una etapa de glaciación, las regiones
polares estaba cubiertas de hielo y nieve. El resto del planeta tenía un clima
tropical donde existían pantanos con bosques exuberantes.
Pero la
unión de los continentes provocó un cambio climático en toda la Tierra. La
glaciares retrocedieron y el clima se volvió más cálido y seco, esto provocó la
desaparición de los pantanos y la extinción de varias especies animales y
vegetales que estaban adaptados a este ecosistema. En el interior del
continente se formaron grandes desiertos.

En este
período el nivel del mar se vio reducido, además al haber un solo gran continente,
los hábitats cercanos a la costa, donde abundan la mayoría de los animales
marinos, eran menos abundantes.
La fauna no
era tan diversa como lo es actualmente, donde encontramos animales diferentes
en continentes diferentes. En el Pérmico había de todo en todas partes.
Gracias a la
evolución del huevo amniota (cáscara dura), iniciada a finales del Carbonífero,
permitió la evolución de los animales y su conquista completa del medio
terrestre, desligándose completamente del medio acuático. Los reptiles empezaron
a dominar el mundo, junto a un grupo extraño denominado reptiles mamiferoides. Los reptiles mamiferoides, a pesar
de ser reptiles, tenían rasgos similares a los mamíferos, como bien nos indica
su nombre, como por ejemplo una estructura del cráneo similar, patas dispuestas
verticalmente debajo del cuerpo o dientes diferenciados con caninos, incisivos,
molares… También se piensa que eran de sangre caliente y que algunos tenían
pelo. De este grupo nacerían los mamíferos.
Al final del
Pérmico aparecieron los arcosaurios, un grupo donde surgirían posteriormente
los cocodrilos, pterosaurios y dinosaurios.
En los océanos
existía una gran diversidad de vida, predominando los peces óseos y los
tiburones.
En cuanto al
mundo vegetal, las plantas con esporas se vieron mermadas al reducirse su
ecosistema apropiado, el pantano, y aparecieron las primeras plantas con semillas
verdaderas como adaptación a un clima más caluroso y seco.
La extinción masiva Pérmico-Triásico
Al final de
período Pérmico se produjo la mayor extinción que se ha producido jamás. Fue
como mínimo dos veces más severa que cualquier otra y posiblemente entre cinco
y diez veces más extensa, mucho peor que la extinción que provocó la desaparición
de los dinosaurios. Se estima que sólo sobrevivieron un 5% de las especies.
Está
extinción se produjo hace 250 millones por culpa de las “trampas siberianas”.
En el continente asiático, en la zona
rusa de Siberia, el basalto fundido, un mar de roca líquida surgió de la Tierra
desde más de 90 kilómetros de profundidad. Una grieta de más de 30 kilómetros
dividió a la Tierra desde la cual surgía el magma. Este mar de lava tragaba
todo a su paso destruyendo ecosistemas, fauna y flora a su paso. Y lo peor era
que el flujo de lava era constante y rápido cubriendo varias hectáreas en pocas
horas. A diferencia de los volcanes, que expulsan la lava cubriendo sus
cráteres y parando el flujo de magma por largos períodos, las “trampas siberianas”
no pararon de expulsar lava durante varios miles de años, teniendo un flujo
constante de magma.
No se sabe
con exactitud porqué aparecieron las “trampas siberianas”. Una hipótesis
conecta este hecho con un impacto de un meteorito que colisionó en lo que
actualmente es la Antártida, produciendo un cráter de unos 500 kilómetros de
diámetro. No se sabe con exactitud qué efecto produjo esta colisión, ya que la
extinción fue progresiva, pero se piensa que la onda sísmica producida por el
cometa produjo la ruptura de la corteza terrestre, produciendo las “trampas
siberianas”.
Las grietas
en la tierra expulsaban a la atmosfera indigentes cantidades de dióxido de
carbono y dióxido de azufre. El dióxido de azufre bloqueaba la luz del sol y el
dióxido de carbono atrapaba el calor. Esto propició un calentamiento global en
el planeta. Además el dióxido de azufre se mezcló con el vapor de agua para
crear ácido sulfúrico y precipitó en la Tierra como lluvia ácida, destruyendo
la flora pérmica.
La mala
suerte también se alió en esta extinción. En la zona siberiana de las trampas
había grandes acumulaciones de carbón. Atrapado en el carbón se encontraba una
sustancia nociva y volátil, el metano .Tras quemarse el carbón, el metano fue
liberado a una atmósfera ya contaminada. Esto tuvo un efecto invernadero,
propiciando el aumento de las temperaturas en todo el mundo.
La flora
pérdida por culpa de la lava y la lluvia ácida y el constante flujo de gases
nocivos a la atmósfera, propició unos niveles bajos de oxígenos que asfixiaba a
los animales. Además, está perdida en la
vegetación mermo a la población herbívora y, por consiguiente, a los carnívoros
también por falta de alimento.
El
calentamiento global produciría un calentamiento global en los océanos, por lo
que las corrientes oceánicas se detendrían. Al haber menos corriente, el mar tiene
menos oxígeno, además el agua caliente retiene mucho menos oxígeno que la fría.
A medida que el mar perdía oxígeno, la fauna marina se iba asfixiando.
Todos estos
hechos produjeron la extinción de miles de animales y plantas en todo el mundo,
sobreviviendo solamente un 5% de las especies. Las especies que sobrevivieron lo
lograron gracias a reducir su tamaño para tener que utilizar menos oxígeno.
Después
500.000 años el flujo de lava terminó y con ella la extinción.